Las tradiciones y lo cotidiano en la obra de Silvia Cosío

Hace un par de años me crucé por primera vez con la obra de Silvia Cosío. Concretamente con su pieza ‘Melancolía’, una pintura que habla de la tragedia humana desde un punto de vista complejo de la relación del hombre (y su ego) con los útiles y herramientas. Una obra que podría resumir formalmente la obra de Cosío, ya que en ella podemos hallar los puntos claves de su trabajo.

 

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Alquimia contra el deseo

 

“Dios está en los detalles” dicen que dijo Flaubert, Mies Van der Rohe y Aby Warburg. Palabras que recupera Silvia Cosío y traslada a sus cuadros, pero no de la misma forma que sus referentes. En sus obras, como en las pinturas barrocas o del siglo XIX, también aparecen calaveras, plumas, libros, serpientes, animales, etc., la diferencia está en el simbolismo que a estos objetos se les da. Para Cosío, todos estos elementos son un vínculo con la tradición y no elementos que esconden una simbología específica. Como ella misma dice: “Incorporar una serpiente a una composición significa un reto de reactivación de un valor simbólico y, por lo tanto, cultural”. De esta forma, la artista va introduciendo estos elementos con un juego de equilibrios que no obstaculice la atención del espectador.

Figura tras figura el cuadro va contando una historia que muchas veces se debate entre la incertidumbre de lo que ha pasado y lo que está por venir. Desde un punto de vista personal, algunas de las obras de Cosío reflejan ese momento álgido de la acción que podría beber directamente del barroco, en el que puedes imaginar todo lo que ha pasado y lo que va a pasar. Si bien para la artista sus piezas se mueven entre las incertidumbres y las sugerencias proponiendo únicamente un nudo de complejidad, cada espectador puede interpretarlo de una manera subjetiva, pues las obras de Cosío tienen la virtud de dejar la puerta abierta a todo el que se atreva a observar.

 

Esta puerta abierta se presenta con unos encuadres que nos pueden ser familiares, pues Cosío parte de la fotografía y el cine para establecer lo que entra dentro de la composición y lo que se queda fuera. Lo que nos lleva a hablar de su forma de trabajar. Ya que otro de los puntos que identifican las obras de la artista son su movimiento y su vitalidad. Como ella misma dice: “El trazo y el gesto —el movimiento de la mano y el pincel—, la elección del color, la intuición acerca de qué añadir y qué eliminar o, entre otros muchos, el factor azaroso de dejar fluir la pintura —lo incontrolable del hecho en sí de ponerse a pintar—, suponen para mí el verdadero significado de aquello que hace que la pintura, en mi caso el óleo sobre un soporte de tela preparada, tenga la expresividad o el pálpito que le da vida a la obra”.

La perfecta combinación de ritmo y gesto son los elementos que finalmente hacen que una obra sea válida o no para la artista. Una combinación que viene directamente influenciada por Manet, artista que como la propio Cosío dice, “me gusta no sólo por sus escenas campestres, por las que siento verdadera debilidad, sino también por su tratamiento de la pincelada, el color y cómo resuelve la cuestión de la carne”.

Silvia plantea en sus obras diferentes historias que nacen de relatos que ha leído o visto. Suelen ser historias de la vida real, que nos podemos encontrar en cualquier esquina. Si bien Cosío no busca unos mismos planteamientos conceptuales en sus obras, sus cuadros sí terminan reflejando los mismos temas: la educación, la iluminación, las referencias al mundo natural y algo así como un tratamiento ‘doméstico’ o cercano de los considerados grandes temas: la melancolía, la piedad, el destino, son una constante en sus trabajos.

Igual que Silvia Cosío sigue a Manet, como decía Aby Warburg: “Manet camina delante de mí con la antorcha, yo le sigo”, os recomiendo seguirla a ella e ir descubriendo todos sus trabajos, como “Melancolía”, que además resultó finalista del Premio BMW de Pintura.

 

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Melancolía

 

Actualmente expone su proyecto ‘San Julián’ en la Galería Carmen Aranguren Fine Art de Sevilla. Dieciséis óleos inspirados en la lectura e interpretación del cuento de Gustave Flaubert titulado La leyenda de san Julián el Hospitalario. Con motivo de la exposición, la editorial Athenaica y la galería Carmen Aranguren han coeditado un libro-catálogo, que incluye un texto introductorio de Francisco Ferrer Lerín y un ensayo de Marcel Schwob .

Además a finales de este mes publicará con Athenaica, un libro de artista que empezó en Berlín y con el que continuó trabajando en una beca de investigación del MACBA. Titulado El esqueleto y el fantasma trata de abordar cuestiones referidas a la identidad, la figura del artista y algunas cuestiones de carácter más personal.

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