Ilustración en el siglo XXI, ¿Auge o renacimiento?

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Es normal escuchar que la ilustración está viviendo su edad de oro. Muchos apuntan el año 2000 como la fecha clave en la que esta expresión artística renace, así como el punto de inflexión en el que numerosos ilustradores iniciaron el distanciamiento de las necesidades corporativas de los clientes de la industria, algo a lo que esta siempre había estado unida. Pero más allá de este renacimiento son muchos los que hablan de un auge en la producción artística de esta disciplina. Auge que se supone dado por las nuevas tecnologías y las posibilidades de difusión que estas ofrecen.

Pero parémonos un momento a pensar ¿Auge? ¿Realmente se está produciendo un llamativo apogeo de esta expresión artística?

Empecemos por el principio. Según Cárcamo (2000), la ilustración surge antes de la invención de la imprenta, los libros (manuscritos) se ilustraban a mano, siendo el libro ilustrado más antiguo que se conserva un papiro egipcio de alrededor del año 2000 a.C. en Europa. No obstante, si pensamos en lo que es la ilustración, esa disciplina que refleja una interpretación simbólica del sentir y ver el entorno de las personas, lo cotidiano, lo fantástico a lo que todo el mundo está expuesto, ¿no podríamos considerar las pinturas rupestres ilustraciones? La ilustración como tal ha existido siempre, lo que es un invento moderno es la relación actual que tenemos de lo que es una ilustración. Esta idea nace como una rama dentro del diseño gráfico.

Según Siliezar (2003), la ilustración en las Artes Gráficas es el componente gráfico que complementa o realza un texto. Define estas piezas como mapas, planos, diagramas o elementos decorativos, en los que generalmente se representan escenas, personajes u objetos que tienen relación con texto al que acompañan.

En el siglo XX pasó a ser el soporte imprescindible de publicistas, cartelistas y diseñadores especialmente tras el boom que vivió a mediados del mismo siglo, véase los trabajos de Norman Rockwell o los de Ben Shahn sobre la II Guerra Mundial. Y es ahora, unida a esa edad de oro, a ese cambio o renacimiento del que venimos hablando, cuando empieza a ser considerada disciplina o categoría independiente.

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La publicidad, la moda, el mundo editorial, el cine, la música. Todo está ligado a la ilustración, o más bien ésta se encuentra ligada a todas ellas. Recordemos los míticos carteles del cine clásico, da igual el título de película, prácticamente todos fueron ilustrados, los discos de vinilo,  como The Beatles que ofrecieron imágenes memorables al imaginario colectivo, la imagen que J. Howard Miller ofreció al mundo en 1943 con su obra “We can do it”, o la realizada por James Montgomery en 1917 con el título Flagg, son otro de los ejemplos que nos vienen a la cabeza si pensamos en ilustración. Así como los figurines, que los diseñadores han dibujado una y otra vez como ejercicios previos a la propia creación, y no olvidemos los libros, tanto los que simplemente se ven complementados por alguna ilustración, como las novelas gráficas y los cómics que todos hemos consumido alguna vez. La ilustración ha sido el reflejo de una sociedad con la que ha evolucionado durante siglos.

Todo ello se puede resumir con la idea que el National Museum of Illustration plantea al decir: “La ilustración sirve como reserva de nuestra historia social y cultural y es, por tanto, una forma de expresión artística trascendente y duradera”.(Zeegen, L).

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Tras estas breves líneas me atrevo a plantear que la ilustración más que sufrir un auge, está viviendo un cambio, un renacimiento, pues desde la Edad Media hasta hoy ha servido de soporte a unas y otras disciplinas. Forma parte de la cultura popular, o mejor, “es el arte del pueblo” como dice Steven Heller (Zeegen,L.), y su producción ha sido siempre considerable, aunque no lo percibiéramos así.

Internet y las redes sociales han permitido, sin lugar a dudas, que la visibilización de estas piezas sea más asequible. Que su difusión, conocimiento y relación con sus autores sea más fácil. Pero no creo que  esté aquí el verdadero motivo del cambio, el punto importante, sino que como bien dice Julius Wiedmann en el prefacio de Illustration Now! 3 “nunca antes había habido tanta gente que valorara la ilustración como ahora”. Son las personas receptoras de estas obras las que han tomado consciencia del valor de esta categoría por sí sola, sin supeditaciones a otras disciplinas, técnicas o ámbitos. Son ellas las que, ahora sí, por medio de las nuevas tecnologías, han empezado a reclamar ilustraciones independientes, que no hablen de marcas, productos, eslóganes o libros, sino que hablen de sí mismas, como cualquier obra de arte.

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La ilustración ha ido evolucionando, creciendo. Las nuevas técnicas y materiales, junto a los nuevos medios, han ayudado a que las jóvenes generaciones de creadores den un giro a esta tradicional disciplina. El aparente auge que muchos le atribuyen se traduce en un renacimiento que algunos se han atrevido a calificar ya de edad de oro. No sabemos cómo evolucionará en los próximos años, pero lo que sí sabemos es que el cambio que se ha producido en torno a ella nos ha permitido conocer una nueva faceta, muy prometedora.

Marina P. Villarreal

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