Un verano de exposiciones temáticas

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A la pata coja, con la boca abierta… los centros culturales abren sus puertas a colecciones y series improvisadas durante el periodo estival.

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Imagen realizada por Beatriz Ramos

En verano el turismo florece. Los centros culturales y museos se preparan para una temporada en la que aumenta, especialmente en algunas ciudades, las visitas turísitcas. Este año ha habido dos exposiciones que me han llamado especialmente la atención y que no he podido evitar relacionar: A la pata coja, la colección de Eduardo Arroyo que dentro del marco de PHotoEspaña ha estado expuesta en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid; y Con la boca abierta de Cristina García Rodero, una muestra sobre la trayectoria de la artista en el Museo de Teruel.

De fotografía son las dos exposiciones, en una hay varios autores, en la otra una sola. Las obras de una tienen un tamaño variado con una tendencia al pequeño formato y la otra se desarrolla en un formato estándar y grande. Son exposiciones totalmente diferentes pero sin embargo la concepción bajo la que se muestran responde a un mismo aspecto: la temática. Ambas unen bajo una temática específica, una temática que tiene que ver con una postura del cuerpo humano, las obras que en ella se muestran.

Eduardo Arroyo va recogiendo fotografías allá donde va, preferiblemente en blanco y negro, que atraen la mirada y atrapan al espectador. Atletas, equilibristas, modelos, bailarines, boxeadores, toreros o músicos en entornos cotidianos o acompañados de personas en actitudes habituales son protagonistas de las imágenes que se muestran en A la pata coja. ¿Y qué los une? Que todos se encuentran con un pie suspendido en el aire.

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Una actitud que se nos presenta como metáfora de la vida, pues vivir es saltar a la pata coja: caer, herirse, levantarse.

Cristina García Rodero, por su parte, hace un recorrido a lo largo de su carrera con una gran parte de fotografías inéditas unidas, al igual que la exposición de Arroyo, por un mismo concepto: todos los protagonistas aparecen con la boca abierta. Personas bostezando, gritando, llorando, riendo, etc., nos invitan a recorrer cuarenta años de la carrera de la fotógrafa.

Un recorrido por su obra y por la vida, comenzando la exposición con el primer llanto de un bebé y terminando con el último suspiro de un velatorio en Georgia.

Dos muestras que recorren la vida, dos muestras que este verano nos han acercado a la fotografía de una manera simpática gracias al guiño conceptual que las aúna. Dos formas de exponer más llamativas a primera vista para el espectador.

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