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Digital, Synthetic Image Genealogy. A visual Trip (1830-2015). Presentación

El próximo 18 de julio a las 19:30 h Medialab Prado acogerá la presentación del libro/acción cultural ‘Digital, Synthetic Image GEnealogy. A visual Trip (1830-2015)’ de Abraham San Pedro.

1973 Tom Haart Shigedo Kubota Nam June Paik in Studio Name June Paik Museum_ (002)

El proyecto se presenta como una acción cultural y libro de arte pensada desde los parámetros de la cultura libre y el Open Access. Una ideología que se trasladará a la presentación del próximo 18 de julio.

En el libro es la imagen digital y su genealogía los aspectos protagonistas que se desarrollan. Se trata de una perspectiva historiográfica inédita, que traza un recorrido desde la sinestesia de los órganos de color, el cine absoluto, los motion graphics, la música visual, la psicodelia y sus ambientes inmersivos con su idea de obra basada en el tiempo y no en el espacio, los primeros gráficos por computadora de los años sesenta, las primeras películas generadas digitalmente, su eclosión y realismo tridimensional hasta la actual desobjetivación visual del code art. Obras de Georges Meliès, Thomas Edison, Viking Eggeling, Walther Ruttmann, Man Ray, Oskar Fischinger, Equipo 57, IBM, Norman McLaren, Mary Ellen Bute, James y John Whitney, Karl Otto Götz, Stan VanderBeek, The Joshua Light Show, Scott Barlett, NASA, Michael Noll, Frieder Nake, Georg Ness, Manfred Mohr, the Vasulkas, Atari, Toshio Matsumoto, Robert Abel, Yoichiro Kawaguchi, Grand Thief Auto V, William Latham, Jodi.org, Joan Leandre o Casey Reas componen este recorrido visual realizado con la intención de crear una acción de difusión libre de la cultura y el arte.

La obra se presenta como un nuevo modelo de creación en el que se unen las obras de arte con las científicas y los productos de ocio masivo bajo unas mismas tapas, y en el que se rompen las distinciones entre las esferas de producción visual.

Asimismo el libro, compuesto por 350 páginas a todo color, realiza un ejercicio innovador al prescindir en su narración del texto escrito. Toda la lectura es visual y directa. Otra faceta que se suma a este hackeo del sistema del arte, eliminando al intermediario y sus opiniones de la relación entre obra y espectador, devolviendo a la experiencia artística su original pacto de mutuo respeto entre creador y receptor.

Desde su concepción hasta su distribución está concebida con estos parámetros de creación libre y abierta. Así lo demuestra su cuidada edición, impresa para ser distribuida por bibliotecas de acceso libre de centros de arte y museos de todo el mundo. Se han enviado ejemplares de manera gratuit al MoMA y al Whitney Museum de Nueva York, a la Tate o el Barbican Center de Londres, a la Universidad Humboldt de Berlín, o a muchas de las facultades de Bellas Artes de España, sin olvidar el MNCARS o el CCCB. Asimismo la publicación está disponible en la Red para ser descargada en resolución óptima para su impresión o bien para ser disfrutada on line a través de una versión enriquecida con hipervínculos a las obras de arte incluidas en sus páginas.

En la presentación de Medialab Prado se contará con la intervención de la comisaria y directora de LABoral Karin Ohlenschlaeger, el artista audiovisual Eugenio Ampudia y la Directora General de Industrias Culturales del Ministerio de Cultura, Adriana Moscoso.


Abraham San Pedro es comisario de arte independiente, crítico de arte, y editor de libros ilustrados. Ha sido Editor Jefe de Arte para V Magazine (Nueva York) así como Editor para Turner Books (Madrid). Sus exposiciones –siempre vinculadas a los nuevos medios y la sociedad digital- han estado en centros como medialab_madrid (Madrid), CAAM, (Las Palmas de Gran Canaria), LABora¡l(Gijón), CAAC (Sevilla) o ZKM (Karlsruhe, Alemania).

Descubrir el arte

Cosechando nuevos futuros

Federico García Trujillo ha sido el encargado de inaugurar un nuevo programa, “Who the f*** is…?, en la galería Lucía Mendoza. Una iniciativa que nace con la idea de apoyar y difundir el trabajo de artistas jóvenes nacionales e internacionales que tengan un lenguaje artístico sólido.


POMPEYA: PLINIO, TESTIGO DIRECTO

Mayo 2019 · Año XXI nº 243


De Olga Picasso a Olga Jojlova

El Museo Picasso Málaga acoge hasta el 2 de junio una exposición que traza la historia de la primera esposa del pintor a través de las cartas y fotografías halladas en el baúl de viaje de esta bailarina rusa, que heredó su hijo Paul. La muestra aborda los años que compartieron como pareja y pone en perspectiva la realización de algunas de las grandes obras del gran maestro


KORDA

EL GUERRILLERO Y LA MUJER, FUENTES DE INSPIRACIÓN

Enero 2019 · Año XX nº 239


Las tradiciones serfardíes del norte de Marruecos

La artista Bettina Caro muestra sus pinturas en la Casa Sefarad de Madrid, un trabajo que bajo el título de Judaica evoca sus raíces y vivencias en Tánger a través de bodegones, joyas, objetos o vestimentas. Hasta el 28 de diciembre

ORIENTALISMO ESPAÑOL

Junio 2018 · Año XX nº 232


LAS OBSESIONES DIBUJADAS DE BACON

Marzo 2017 · Año XIX nº 217

Volviendo al origen

La semana pasada la Galería Lucía Mendoza inauguraba la cuarta exposición individual del fotógrafo alemán Christian Voigt, bajo el título Origen, dentro del marco del Festival OFF de PHotoEspaña 2019.

Euloplocephalus, 2018

La muestra se compone de ocho fotografías de gran formato, realizadas alrededor del mundo, en las que el autor despliega un rico lenguaje visual para reflexionar sobre la memoria y el paso del tiempo.

Nada más entrar en la galería la pieza, por la que se ha impulsado esta muestra, atrae la mirada del espectador. Se trata de una imagen realizada mientras fotografiaba el Hintze Hall en el Museo de Ciencias Naturales de Londres, lugar en el que cuelga del techo el esqueleto del animal más grande descubierto en el mundo hasta el momento: una ballena azul de 25 metros de envergadura. La imagen recoge ese instante de tensión contradictoria que surge entre el poder del arcaico esqueleto y el orden impuesto por la arquitectura que lo rodea. Inmediatamente y sin mucha resistencia la construcción desaparece ante la evidencia de la esencia, del origen, y esa tensión visual es la que marca la última serie del fotógrafo aleman: Evolution.

Balaenoptera musculus, 2017

Así, la exposición se estructura como un enfrentamiento entre obras de sus series anteriores con las de la serie Evolution, en la que Christian Voigt avanza en el lenguaje fotográfico. El artista recrea en ese límite entre realidad y ficción —idea presente a lo largo de su trayectoria— la convivencia entre ambos mundos: el construido por los humanos a través de los tiempos en sus distintas conceptualizaciones y el de los seres arcaicos, que hace eones dominaron el planeta en aparente soledad.

Origen explica en imágenes el momento en que todo el trabajo previo de Christian cobra un nuevo sentido. En estas fotografías percibimos la tenacidad —inconsciente o no— del autor para reflejar el origen de nuestra esencia, que nos retrotrae a un tiempo salvaje, libre de convenciones sociales y de toda temporalidad. Voigt plantea una forma dispersa de ordenar el conjunto de su obra, enfrentando los diferentes paisajes y estampas del mundo, que conforman una única realidad.

Research Library II, 2014

Exposición hasta 26 de julio

Sobre el fotógrafo

Christian Voigt (Munich, Alemania, 1961) vive y trabaja en Hamburgo y en el sur de Francia. Trabaja con cámaras de gran formato, tanto digitales como analógicas. Experimenta con la última tecnología, así como con las primeras técnicas fotográficas. Así, desde medios muy diversos, Voigt ha desarrollado un lenguaje capaz de contar nuevas historias; trabaja continuamente perfeccionando un particular lenguaje pictórico, que refleja las historias que él quiere contar, los sentimientos que quiere transmitir. Esto es visible en sus fotografías: el paisaje y la arquitectura son sus principales áreas de interés, captando desde dunas a templos, bibliotecas o museos, pero también realizando retratos y desnudos.

Sus obras, que discurren en un lenguaje situado entre la ficción y la realidad, han sido expuestas en museos, galerías y ferias de arte en Basilea, Hamburgo, Nueva York, Los Ángeles, Londres, Saint Tropez, Ámsterdam y Madrid.

Premios de Fotografía Fundación ENAIRE en PHE19

El Pabellón Villanueva del Jardín Botánico acoge en la nueva edición de PHotoEspaña una muestra con el Premio de Fotografía Fundación ENAIRE

La Fundación ENAIRE ha reconocido el trabajo de Jorge Fuembuena, por su obra The fire (2018) con el primer premio. El jurado destacó: “la contundente imagen que aúna la denuncia sobre catástrofes medioambientales con una tremenda plasticidad, además de valorar su calidad y la exquisita técnica en su realización”. El segundo premio correspondió a Antonio Pérez por Un sueño en el Museo del Louvre (2018) y el tercero a María León por Pieza 014 (2015).

En la exposición, también se incluye el II Premio Trayectoria que homenajea la carrera profesional de un fotógrafo y que recayó en Montserrat Soto (Barcelona, 1961) por su destacada trayectoria artística y relevancia en el mundo de la fotografía, por su trabajo rotundo, lejos de grandilocuencias, con un proyecto sólido de investigación y una temática de continua actualidad.

Junto con estas obras la exposición mostrará diez obras finalistas seleccionadas por el jurado y que se integrarán en el catálogo de la edición 2019 del premio. Las diez obras seleccionadas son: Claro con alcornoque, de la fotógrafa Angélica de la Llave (Mención especial PHotoESPAÑA); Poviglio (Reggio Emilia) de Paolo Simonazzi; ST_171 Corvialede Juan Baraja; Entre la niebla y el agua de Carmen Isasi; Untitled (objects) de Laura Torrado; Díptico 3 S/T – Serie Trascurso de Marcos Morilla; Surcos de Jesús Labandeira;La memoria inventada de José Quintanilla; Observatorio de Laura Palau; Torre de control 1 de Miguel Fernández-Galiano y 3º51´40´´N/53º18´15´´W Amazonia de Jesús Rocandio

Todos ellos se pueden visitar hasta el 1 de septiembre en uno de los pabellones del Jardín.

Sobre Fundación ENAIRE

Fundación ENAIRE es una institución cultural vinculada a ENAIRE. Entre sus objetivos se encuentra fomentar la cultura aeronáutica y la conservación, ampliación y divulgación del patrimonio artístico propiedad de la entidad matriz. Dicho patrimonio está formado por una destacada colección de arte español e iberoamericano que, cronológicamente, arranca en la segunda mitad del siglo XX y continúa hasta la actualidad, y engloba más de mil obras de pintura, escultura, fotografía, obra gráfica, obra sobre papel y arte multimedia.

Woman Art House: Francesca Woodman

Hace unas semanas en #Womanarthouse hablamos de una artista conocida especialmente por lo dramático de su vida que a pesar de lo corta de su carrera ha supuesto una gran influencia para las generaciones posteriores. Su trabajo se centra en: género, representación, sexualidad y cuerpo, y con él ha llegado a convertirse en una de las artistas clave para comprender el proceso de exploración de identidad y subjetividad en el arte contemporáneo mediante el autorretrato.

Francesca Woodman nació en Denver, Colorado el 3 de abril de 1958. Sus padres George y Betty Woodman eran artistas plásticos lo que favoreció que la pequeña sintiera un gran interés por la creación artística, y en especial por la fotografía. Fueron ellos los que marcaron las primeras influencias de Francesca, a tal punto que la joven adoptó la creación artística como un modo de vivir y de pensar, pero no compartió su arte con ellos, según escribió en su diario: “No quiero que ellos vean o participen en mi trabajo. No sé lo que es. Son un apoyo importante, pero no sé si nos complementaríamos bien”.

Francesca pasó su infancia entre Boulder, un pueblo de Colorado y Antella, una aldea de la campiña toscana en la que se reunían artistas y personalidades de la alta sociedad florentina. En definitiva, un entorno perfecto para que a una temprana edad surgiera la artista que Woodman llevaba dentro.

“Nuestros hijos aprendieron que el arte es algo prioritario, que es algo que se tiene que hacer. No pierdes el tiempo pasando el rato o dedicándote a tus hobbies los domingos o algo así. Haces arte. Y creo que, desde muy pequeños, eran conscientes de que el arte es algo serio. Y eso les marcó.” George Woodman.

Francesca fue considerada una niña prodigio, nada raro cuando descubrimos que fue a los 13 años cuando empezó sus primeros trabajos. Su primera obra fue “Self-portrait at thirteen”. En esta primera etapa de su carrera artística ya se puede hablar de un estilo marcado: fotografías mayoritariamente en blanco y negro, en formato cuadrado, donde la iluminación juega un papel predominante, siendo incluso el punto de atención predominante (en ocasiones único) para el espectador, una figura representada a través del autorretrato y en movimiento.

Tras su adolescencia en la que no dejó de crear y explorar nuevas formas de creación a través del autorretrato pasó cinco años en la Rhode Island School of Design en Providence estudiando artes plásticas, donde fue aceptada en el Programa de Honores que le permitió vivir durante un año en las instalaciones de la escuela en el Palazzo Cenci en Roma. Fue aquí donde empezó lo que es considerado como su etapa europea.

Estuvo en Roma entre 1977 y 1978. Durante este periodo se identificó con el surrealismo y el futurismo, movimientos que ganaron presencia en sus fotografías. También se nota en este periodo una influencia de la geometría clásica romana. Además, fue en esta época en la que su trabajo se vuelve neurótico y la decadencia empezó a ser una constante en su trabajo, representada en las paredes desnudas y en  los objetos antiguos, aspecto que logró tomando viejas fábricas y mansiones abandonadas como escenario para sus fotografías.

A pesar de que en este periodo se empiezan a apreciar unas líneas distintas en su trabajo, la obra de Woodman tiene desde el principio un estilo bastante marcado. Su obra está compuesta mayoritariamente de retratos de ella misma en blanco y negro, en ocasiones salen otras figuras femeninas y en alguna serie aparecen figuras masculinas. Las figuras aparecen siempre borrosas con un filtro de deterioro que acompaña a todo el encuadre. Para Francesca el cuerpo es el tema central de su obra, a través de él busca denunciar la situación en la que vivían las mujeres en esos años. Un cuerpo que aparece siempre desnudo como reflejo de su yo más íntimo y profundo, reflejando un proceso de exploración neurótico de su identidad y su subjetividad. Como ella misma decía: “Siento que lo que hago trata de mí por un montón de razones equivocadas. Simplemente me siento muy sola”.

Además del cuerpo son el género, la representación y la sexualidad los temas que explora constantemente en su obra. Podemos remarcar que utiliza normalmente muebles o elementos del interior de las estancias con los que mostrar lo doméstico.

Sus obras tienen un estilo poético, elegante, en el que la relación artista-modelo se elimina en favor del movimiento, con el que se juega a ese paso entre lo físico y lo psicológico. Nada en la obra de Woodman está realizado al azar, aunque así lo parezca.

Esta intencionalidad de la obra de Francesca le lleva a formar parte de la generación de mujeres de vanguardia de la década de 1970 que reivindican su aportación y visión del mundo. Una generación a la que también pertenecieron artistas que ya han pasado por #Womanarthouse como Cindy Sherman, Martha Rosler o Ana Mendieta.

Tras su paso por Italia volvió a Estados Unidos. Eligió Nueva York para emprender su carrera fotográfica. Para ello envió portafolios a algunos fotógrafos de moda, galería y personas influyentes del mundo de la fotografía, pero recibió como respuesta un rechazo a su trabajo. Lo cual le afectó mucho y terminó sumida en una depresión. Según dice su padre en un documental sobre la artista “Ella tenía esperanzas de conseguir la beca NEA, esperanzas que, por cierto, no eran muy realistas, pero tenía muchas esperanzas.”

En septiembre de 1980 escribió a un amigo estas palabras: “Mi vida en este punto es como un sedimento muy viejo en una taza de café y preferiría morir joven dejando varias realizaciones… en vez de ir borrando atropelladamente todas estas cosas delicadas…” Esto fue tras su primer intento de suicidio. Y no serían varias realizaciones/obras las que dejaría atrás, sino más de 800 obras, de las cuales solo unas 150 han visto la luz hasta ahora. Un archivo que es ahora gestionado por sus padres.

Francesca Woodman saltó por una ventana de un loft en Manhattan el 19 de enero de 1981. Fue un punto y final para una vida y para una artista que marcaría un hito en la historia del arte. Un final trágico que terminaba con estas palabras: “Esta acción que preveo no tiene nada que ver con un melodrama. Yo era, ¿soy?, no única, pero sí especial. Por eso era artista. Inventaba un lenguaje para que las personas vieran las cosas cotidianas como yo las veo y enseñarles algo diferente. Pero no hay nada que hacer si no puedo tomar la gran ciudad, o pierdo la confianza o pierdo mi corazón. No hay que dar lecciones a otros, solo el otro lado”.La obra de Francesca ha sido expuesta en diferentes ciudades de Estados Unidos, Zúrich, Múnich, Estocolmo, Berlín, Roma, París, etc. En vida realizó tres exposiciones: 1976 en Andover, en 1978 en Roma y en 1979 en Providence. Entre sus formatos preferidos para representar su obra estaba el libro. Para Francesca el libro era el medio idóneo para recoger sus fotografías, es por ello que diseñó varios, pero solo se publicó uno de ellos: Some Disordered Interior Geometries (algunas geometrías interiores desordenadas) 1981. Si queréis conocer más de su vida, forma de ser, obra, os recomiendo este documental de Scott Willis en el que su padre, madre, hermano y algunos amigos la recuerdan: https://www.youtube.com/watch?v=VZQ4qzvQ8pU

DOS por Lucía Fernández Muñiz

La Galería Tournemire inaugura este jueves Carta Blanca, un proyecto expositivo alternativo que arranca con la artista Lucía Fernández Muñiz

Más de lo que quería saber. 2019

El jueves, 6 de junio, se inaugura el proyecto “DOS” de la artista Lucía Fernández Muñiz con el que la Galería Tournemire da el pistoletazo de salida de su nuevo programa expositivo: “Carta Blanca”. Un programa con el que la galería pretende ampliar su propuesta expositiva añadiendo, al menos una vez al año, muestras de artistas que no estén relacionados con la línea artística de la galería pero tengan algo interesante o que llame la atención para el proyecto en general.

Lucía Fernández Muñiz

Lucía es una de esas artistas que ha alcanzado el reconocimiento del público y de la crítica gracias a las nuevas redes sociales, en especial Instagram. Licenciada en Bellas Artes en Cuenca y con estudios de diseño y fotografía en Leeds (Inglaterra), ha trabajado como fotógrafa de moda para grandes marcas como Armani, Louis Vuitton, Agatha Ruiz de la Prada o Diesel . También ha trabajado como directora de arte en las revistas Elle y Vanidad y durante un tiempo se dedicó a la publicidad. A partir de este viernes su trabajo más artístico se podrá ver en la galería madrileña.

La exposición se presenta bajo el título “DOS” un guiño a la sucesión de muchas de sus imágenes que tienen como protagonista dos elementos, donde explora cómo se relacionan tanto entre sí como con el espacio.

La fotógrafa madrileña utiliza los elementos de la imagen con el fin de determinar un significado específico a cada una de ellas, para ello muestra a los personajes de la fotografía con un gesto ausente, neutral, invitando al espectador a que proyecte sobre el personaje y el espacio retratado lo que su imaginación considere.

En la obra de Lucía se aprecia también un interés por la psicología en torno a la cuestión del otro y de cómo se la percibe así misma. Reflexiona e invita a la reflexión de cómo todos y cada uno de nosotros nos relacionamos con las distintas percepciones. ​

La historia de Susana. 2019

En la exposición son las poses, escenas y lugares que conectan con cuestiones universales relacionadas con la manera en que tratamos a los demás las protagonistas de las piezas. En las obras se refleja nostalgia, recuerdos o sueños a través de escenarios propuestos mediante repeticiones de personajes o dobles miradas. A través de todo ello Lucía nos acerca a ese “algo” indeterminado que se filtra a través de la presencia o de la ausencia y que conecta directamente con esa reflexión de la que hablábamos de entender al otro, de mirar al mundo y entender cómo el mundo nos mira.

La exposición que estará abierta al público hasta el 6 de julio se inaugura mañana a las 19:30 en la Galería Tournemire.

Woman Art House: Faith Wilding

«Esperando… esperando… esperando / Esperando a que alguien venga/ Esperando a que alguien me tome en brazos / Esperando a que alguien me alimente / Esperando a que alguien me cambie los pañales…. Esperando /… Esperando /… Esperando a ser una niña grande /… Esperando a llevar sujetador / Esperando a que me venga la menstruación / esperando a leer libros prohibidos / … / Esperando a tener novio / Esperando a ir a una fiesta, a que me saquen a bailar, una balada / Esperando a ser bonita / Esperando el gran secreto / Esperando a que empiece la vida… Esperando… […]»

Este es un fragmento de la obra más famosa de la artista Faith Wilding. La pieza consistió en una performance en la que la artista sentada en una silla se balanceaba de delante a atrás mientras hacía un recorrido por la espera que la mujer debía, y en muchos casos actualmente debe, hacer a lo largo de su vida. Waiting, era el nombre de la performance que duraba 15 minutos y con la que Wilding quería expresar cómo las expectativas de las mujeres eran limitadas por la sociedad a un ciclo monótono y repetitivo de espera a que se sucedan ciertas circunstancias vitales.

La performance se llevó a cabo por primera vez en la Womanhouse, en el California Insitute of Arts, un espacio organizado por Judy Chicago y Miriam Schapiro en el que se programaron del 30 de enero al 28 de febrero de 1972 instalaciones y performances artísticas relacionadas con el feminismo. Y del que más tarde Faith Wilding realizó una crónica acerca de su trabajo dentro del Movimiento Artístico Feminista en el sur de California, publicandola en un libro titulado By Our Own Hands (Los Ángeles, 1976).

Era 1972, momento en el que se vivía la segunda ola feminista y se producían acontecimientos como la reciente creación de La Organización Nacional para la mujer (EE.UU., 1966) o protestas como la interrupción que varias manifestantes feministas protagonizaron en 1970 en el concurso de Miss Mundo. Un caldo de cultivo socio-político idóneo para que las artistas se unieran a las reivindicaciones sociales a través del arte, dando lugar a lo que hoy conocemos como la corriente de Arte Feminista, a la cual perteneció Faith Wilding.

Wilding es una artista multicultural, escritora, educadora y activista paraguayo-estadounidense nacida en Paraguay en 1943. En 1961 emigró a los Estados Unidos para estudiar Bellas Artes en la Universidad de Iowa. Terminó sus estudios en 1969 y pasó a ser miembro de la Students for a Democratic Society, donde participó en acciones activistas contra la guerra de Vietnam y empezó a formar parte del movimiento feminista. Un año después comenzó como docente en el Programa de Arte Feminista del que salió la #Womanhouse.

Faith Wilding explora en sus obras la identidad femenina en términos sociales, psicológicos y biológicos a través de distintos medios como son las instalaciones escultóricas, las performances, el dibujo, la pintura, los ensayos o monólogos. Como ella misma dice: “Trabajo en muchos materiales y formatos que incluyen dibujo, pintura, impresión, escritura, libros de artistas, performance y medios electrónicos. (….)Me interesan las posibilidades transformacionales y pedagógicas de un arte radical, un arte que utiliza la belleza como una táctica terrorista, en lugar de un fin en sí mismo”.

Con respecto a sus obras son varias las que destacan. Waiting no fue la única que Wilding realizó en la Womanhouse. Su escultura, Crocheted environment (1972), instalada en una de las habitaciones de la casa, cubría las paredes y techo de la habitación con una estructura de ganchillo que parecía acoger a los espectadores. Una pieza que resaltaba los roles domésticos, maternos y de la mujer impuestos por la sociedad. Sin embargo, fue más agresiva la instalacción Sacrifice que en 1971 ocupó una de las salas de la Womanhouse. La obra estaba formada por una figura de talla natural con tripas de vaca y sangre, ave muerta, kotex, flores de plástico y velas tumbada sobre una mesa en el centro de la estancia. Los participantes fueron invitados a encender velas en el altar. Con esta obra Wilding invitaba a reflexionar sobre la obligación de las mujeres de tener que ser madre, pues la figura representada ha muerto por el dolor de tener que serlo de forma impuesta.

“Pienso en mi trabajo visual como una especie de “teoría aplicada” basada en la investigación sobre fenómenos e ideas sociales y culturales contemporáneos”. De esta “teoría aplicada” salieron, como ella misma dice, varias obras interesantes como la serie Embryoworlds, un proyecto en el que combina las nuevas tecnologías de “concepción asistida” con los efectos de la tecnociencia en las vidas y cuerpos de las mujeres de todo el mundo. Con este proyecto, que Wilding adapta según la sala en la que se expone, pretende ahondar en la combinación entre ciencia y arte desde la mirada de nuestros miedos, deseos y anhelos más profundos tomando como base la narrativas de evolución, elección, idealización, inmortalidad y perfección.

Dentro de este proyecto está, por ejemplo, la obra Body and Soul, 1997-98, una escultura que refleja cómo el alma abandona el cuerpo a través de dos recipientes, uno rojo y otro verde, conectados por un paño blanco que filtra lentamente los colores.

Otra de las piezas destacadas de la artista, en la que se reconoce la influencia de artistas como Judy Chicago o Georgia O’Keffe, fue Great spiral de 1979, una pintura de una espiral que llena el marco y que evoca una poderosa fuerza vital giratoria simultáneamente animal y vegetal. Con esta obra Wilding no solo busca una referencia al cuerpo, sino también a algo más profundo como es un sentimiento.

Wall of wounds es otra de las piezas que ejemplifica sus investigaciones artísticas. En ella parte del imperativo “¡Muestra tu herida!” que muchas veces parece ser la motivación de entretenimiento de los programas de radio y televisión, para desarrollar una pieza con manchas y marcas sensuales impresas sobre un papel de seda. Con ello busca “restaurar el efecto en oposición al espectáculo adormecedor del dolor” y al mismo tiempo remarca el consumo del fenómeno de los programas de entrevistas invitando al espectador a “adquirir una herida personalizada”.

A lo largo de su carrera Faith Wilding se ha centrado en los aspectos de la historia somática, psíquica y sociopolítica del cuerpo, sin embargo, más recientemente han sido las formas en que los cuerpos, en especial el de las mujeres, se ven afectados por la invasión de la tecnología o la biología lo que más ha marcado su interés de creación. Así lo reflejan sus publicaciones recientes, lecturas, exposiciones y performances que se han centrado en lo que ya se conoce como el ciberfeminismo, con especial énfasis en la biotecnología.

Siguiendo esta línea de investigación se convirtió en una de las fundadoras del colectivo SubRosa relacionado con el impacto de la biotecnología en las mujeres y que desde 1998, focalizan esfuerzos en hacer visible las conexiones entre la tecnología, el género y la diferencia a través de intervenciones artísticas, investigaciones y debates con un foco en las biotecnologías. http://cyberfeminism.net/

En esta línea encontramos la obra Recombinantes (1992-96), en la que a modo de investigación del cuerpo se muestran un conjunto de dibujos que representan seres humanos fusionados con máquinas, plantas y/o animales. O como Wilding dice: “Pienso en estas obras como “recombinantes”, ya que no solo combinan los medios tradicionales como la acuarela y el meticuloso dibujo en tinta con los métodos mucho más nuevos de collage y montaje, sino que también hablan del estado psíquico del cuerpo en la actualidad: la recombinación”. Y sigue explicando “el cuerpo recombinante, que es el tema de gran parte de mi trabajo, es un depósito monstruoso e incómodo de fragmentos históricos melancólicos expresados ​​como partes animales, humanas, orgánicas y mecánicas. Es un cuerpo hermoso y extraño en sus posibilidades monstruosas (im)”.

Faith Wilding ha expuesto en EE.UU. y Europa. Sus trabajos de audio han sido comisionados por RIAS Berlin, WDR Colonia y National Public RAdio de USA. Ha publicado en MEANING, Heresies, Ms. Magazine, The Power of Feminist Art, y otros libros o revistas. Actualmente es profesora en el Art Institute of Chicago y la MFA en el Programa de Artes Visuales del Vermont College of the Union Institute and Univesity, y está “muy interesada en los procesos aleatorios e involuntarios y en las ideas que me dan para las imágenes conscientemente manipuladas y desarrolladas”.


Podríamos decir que son dos cosas por las que se reconoce la figura de Wilding actualmente: su destacada contribución al desarrollo del arte feminista y su conocido trabajo en el ciberfeminismo, o cómo gracias a sus obras e invitaciones a la reflexión hemos avanzado en nuestra espera.

Saul Leiter: “Yo aspiraba a no ser importante”

Viajemos un momento a los años 50 en Nueva York: el auge del expresionismo abstracto ya era evidente, Hollywood se convertía en la capital de la producción cinematográfica, en la prensa nacían nuevos medios como Los Angeles Times o The Washington Post, en 1951 la ONU establecía sus instituciones de manera permanente en la gran ciudad… En ese mismo año, con tan solo cinco viviendo en la ciudad y cuatro dedicándose a la fotografía, la revista Life publicaba una serie del fotógrafo Saul Leiter.

Saul Leiter fue el hoy reconocido como precursor de la fotografía en color. Pintor y fotógrafo, nació en Pittsburgh (Pensilvania) en 1923, y llegó a Nueva York en 1946 con la intención de ser pintor. Sí, pintor, una faceta de su vida que para muchos ha pasado desapercibida. Leiter combinó durante toda su vida la fotografía y la pintura, y fue esta última disciplina la que más le apasionó en su trayectoria artística. Tanto fue así que no dejó de pintar un solo día hasta su muerte el 26 de noviembre de 2013 en Nueva York.

Con una cámara entre las manos

Sencillamente miraba al mundo sin estar preparado para nada

En su adolescencia recibió un regalo de su madre que sin saberlo, unos años después, cambiaría su vida: una cámara. No sería esta la única vez que le regalarían una cámara. A su llegada a Nueva York hizo amistad con W. Eugene Smith quien le regaló la cámara que revolucionó la fotografía de calle: una Leica. Un guiño a la vida: La cámara que revolucionó la fotografía de calle para el fotógrafo que dio un giro a la fotografía de calle.

Pero, ¿cómo llegó Leiter a la fotografía? La verdad hubo un momento muy marcado en su vida. Fue en 1947 en una exposición de Cartier Bresson cuando la fotografía calaría realmente en su visión artística. Aunque también hay que decir que las amistades que le rodeban como Smith hicieron su parte. A partir de ahí la cámara se convirtió en el medio a través del cual capturar e interpretar la vida de la ciudad. A través del cual expresarse.

The weeding as a Funeral fue la primera serie del autor, como comentábamos al principio, que vio la luz en una revista. Tras ello fueron varios los éxitos que acompañaron al fotógrafo, a pesar de que el éxito nunca fue algo que buscara y de que en los primeros años las críticas le llovieron bastante.

En alguna parte secreta de mí había un deseo de evitar el éxito.

Con el apoyo de la crítica o sin él, Leiter, fue haciéndose un hueco en el mercado. En 1956 exponía su trabajo de manera individual y en 1957 veinte de sus trabajos en color se incluían en una exposición experimental en el MoMA. Fue ahí cuando el director de la revista Esquire, Henry Wolf, le hace unos encargos de moda. Un hecho que podría haber sido aislado pero que fue en realidad el inicio de una carrera profesional en la fotografía de moda para Leiter, que le dio la fama y le permitió vivir de sus fotografías.

Tenía la esperanza de que el resultado pareciese una fotografía antes que una foto de moda

Sin buscarlo y sin quererlo alcanzó el reconocimiento de la crítica, pero no sin pasar por un largo periodo de rechazo e incomprensión. Esto llegó especialmente cuando pasó de hacer fotografías en blanco y negro, estilo predominante en esa década, a convertirse en pionero de la fotografía en color.

El color

Leiter, partió de la pintura para explorar la fotografía en color. Empezó contando únicamente con el apoyo de su pareja, Soemes Bantry, a la que retrató en numerosas ocasiones, y terminó considerado como uno de los grandes coloristas de Nueva York.

No es porque no quisiera que mi trabajo no fuera apreciado, pero por alguna razón -quizás porque mi padre desaprobaba casi todo lo que hacía- en algún secreto lugar de mi ser yacía el deseo de evitar el éxito.

Este reconocimiento, sin embargo, llegó tarde. No fue hasta después de 1997, cuando la hoy directora de la Fundación Leiter, Margit Erb se propuso editar un libro con las fotografías del autor, algo que le llevó casi una década. Cuando ya tenía la recopilación le costó encontrar un editorial para el libro, pues era una época en la que solo se vendían fotografías en blanco y negro. Pero finalmente, en 2006, salió Early Color, y su éxito fue inmediato. Fue ahí, con 82 años, cuando Leiter empezó a ser considerado precursor de la fotografía en color.

El estilo “Leiter”

Me gusta no estar seguro de lo que uno ve. No sabemos por qué estamos mirando una imagen cuando de repente descubrimos algo y empezamos a ver. Me agrada esa confusión.

Esta cita resume la sensación que las fotografías de Leiter trasmiten. Una atractiva confusión que nos hace mirar las imágenes detenidamente y buscar formas o colores que conecten con algún elemento de nuestro imaginario colectivo.

Su obra fotográfica, tanto las obras en blanco y negro como las de color, muestran un alto carácter personal. No obstante, sus primeras piezas capturan la energía de las calles, el movimiento y el ajetreo urbano neoyorkino, mientras que en su salto al color aborda temas más personales en los que refleja su propia experiencia, así como su perspectiva de los espacios y personas que por su vida pasaron.

Tengo en mucha estima ciertas nociones de la belleza a pesar de que para algunos esta es una idea anticuada. Algunos fotógrafos piensan que al tomar imágenes de la desgracia humana están abordando un problema serio. Yo no creo que la desgracia sea más profunda que la felicidad.

La composición es uno de los elementos que más distingue al autor. Se podría decir que siempre plantea composiciones en varias capas dando lugar imágenes abstractas. Además es reacio a plantear perspectivas centradas o con una visión clara del espacio. Las composiciones son más bien enredadas o rotas por alguna confrontación de elementos. En su fotografía en color especialmente, podríamos hablar de grandes masas sin información.

Pero más allá de la composición hay otro elemento que caracteriza a las fotografías de Saul Leiter, y es el carácter íntimo que se recoge en todas sus piezas. Una intimidad que se conjuga con la influencia del arte japonés, siempre presente en su obra.

Se puede hablar mucho de las obras de Leiter, sin embargo no hay palabras que describan lo que sus trabajos trasmiten. No es la técnica la que conquista al espectador, sino la oportunidad de poder a través de sus ojos un mundo al que creíamos conocer. Es la oportunidad de viajar a los neoyorkinos años 50 y descubrir sus calles y su gente desde una inclinación que no esperábamos.

Madatac X

La X edición de la muestra de arte digital Madatac se instala en diferentes sedes de la capital madrileña del 13 al 24 de febrero y contará con artistas como Saint Machine que expone I Human entre otras de sus piezas

Ayer dio comienzo en Madrid la nueva edición de Madatac, o lo que es lo mismo, la Muestra de Arta Digital Audiovisual y Tecnologías Acontemporáneas. Este año celebran su décimo encuentro con diferentes proyecciones, charlas, performances, insatalaciones interactivas y conciertos audiovisuales de grandes figuras del arte digital. Y lo hacen en diferentes sedes entre las que se encuentra la Cineteca Madrid, Medialab Prado, el Círculo de Bellas Artes o su nuevo espacio: La Nave Digital. a

Tanto en La Nave Digital como en Medialab Prado habrá instalaciones interactivas, entre ellas la de la artista Saint Machine, “Hybrid Sensorium”, que explora las distorsiones sensoriales causadas por la tecnología de mediación y contacto directo. Otra de las obras de la artista será la de “I Human” que se inaugura esta tarde, 14 de febrero, a las 17h en Medialab Prado y se podrá visitar hasta el 24 de febrero.

I Human

La instalación, que juega con los nuevos modelos del comportamiento colectivo, se trata de una body installation que se conforma por un circuito de estructuras artificiales interconectadas que “aullan como lobos, pidiendo ser alimentados con emociones”, como explica la organización.

La instalación se compone de varios tentáculos de un pulpo, estando solo uno expuesto en Medialab Prado. Por uno de los extremos del tentáculo se puede colocar la cara, activando así la instalación. Al introducir la cara se generan unos sonidos dentro del tentaculo y las máscaras de la instalación miden el estado emocional de la persona participante, recopilando datos biométricos faciales y ritmos respiratorios, y piratean el sistema biológico, con cada movimiento facial se activa una luz láser que está conectada en tiempo real con su análogo en Bucarest, donde también hay dos rayos láser que responden en tiempo real a los datos recopilados de las máscaras.

La instalación permite de esta forma al visitante controlar una forma de luz láser mediante un esfuerzo colectivo, ya que el usuario no puede controlarlos todos simultáneamente, sino que se requiere colaboración.

Los participantes deben prestar atención al estado emocional de los demás que pueden ver a través de un visor colocado en el interior del tentaculo, ya que sus niveles de empatía hacen que la escultura de la luz central crezca y decaiga, en relación directa con su conexión emocional. Sin embargo, esto no será una tarea fácil, ya que el paisaje sonoro ofrecido a cada usuario es completamente diferente, mientras que algunos escuchan sonidos alentadores y que inducen felicidad, otros están sujetos a palabras agresivas y humillantes.

La instalación intenta una analogía entre el estado de la coherencia del espacio-tiempo de los fotones dentro de la cavidad láser y la colaboración humana, al tiempo que hace un comentario crítico sobre el impacto que la tecnología tiene sobre el comportamiento humano y su capacidad para desarrollar una mentalidad virtual colectiva.

Saint Machine

Saint Machine es el seudónimo de una artista experimental multimedia interesada en los aspectos conceptuales de la percepción. Es autora de instalaciones inmersivas y receptivas que investigan los procesos biológicos y estudian la noción de espacio como organismo vivo en sus instancias sobresalientes: pública / privada, interior / exterior, real / virtual, física / imaginaria, oculta / revelada. Sus instalaciones suelen ser objetos físicos cavernosos que llevan un núcleo virtual y utilizan el cuerpo humano para funcionar, cuestionando la disposición a ceder la fisicidad y las necesidades biológicas a cambio de contenido digital.

Sobre esta obra la artista ofrecerá un taller intensivo el 14 de febrero en las aulas de este mismo espacio de creación. Además, el 22 de febrero a las 18h. se ofrecerá el encuentro AVLab, con la participación de esta artista rumana y del videoartista español Albert Merino, galardonado en pasadas ediciones de MADATAC y participante en ésta con sendos videos. Ambos mostrarán sus últimos trabajos y hablarán sobre sus procesos creativos.

Julia, una chispa de ternura en la Plaza de Colón

¿Qué dirías que le faltaba a la Plaza de Colón de Madrid? Para Jaume Plensa era “una chispita de ternura”. “Ternura, armonía y silencio” es lo que transmite con su último trabajo: ‘Julia’, y que desde el pasado jueves está acompañanado a la Plaza de Colón de Madrid.

Una pieza que según su autor es lo que menos sirve de la Plaza, porque como explicaba el día de la presentación de la obra “el arte contemporáneo no sirve para nada, pero el arte contemporáneo es lo más precioso que hay, aunque no sirva para nada”. ‘Julia’ ahora mismo es lo más precioso que hay en la Plaza, y sí sirve para algo.

© Joaquín Cortés

La cabeza, que ha sido instalada sobre el pedestal que ocupaba el almirante genovés en la Plaza, significa para su autor “silencio e invita a pensar que una lágrima de vez en cuando ayuda más que un grito”. Aunque ‘Julia’ invita a reflexionar sobre mucho más. La pieza realizada de resina de poliester y polvo de mármol blanco mide 12 metros y representa el rostro de una niña con los ojos cerrados. Un elemento que su autor interpreta así: “creo que al estar con los ojos cerrados dirige su mirada hacia el interior”. Y es que para el artista la escultura también es un estado de ánimo y “Julia está dirigida al corazón de nuestro ser”.

© Joaquín Cortés

‘Julia’ nos invita a observarla y ver nuestro rostro reflejado en ella, nuestro interior bañando sus finos contornos. «Será como un mantel en blanco en donde cada cual pinte sus sueños», dijo Plensa el día de la presentación de la pieza. «Es un espejo poético y virtual en el que cada uno de nosotros pueda verse reflejado en sus preguntas más íntimas provocando un instante de reflexión personal e íntimo dentro del agitado dinamismo que genera el espacio público».

¿En qué y cómo podemos mejorar la vida de los que nos rodean? ¿De qué forma podríamos ayudar a los que pierden la casa o el trabajo? ¿Cómo ser útil a los que buscan un nuevo hogar huyendo de su país? ¿Habría alguna forma de frenar el hambre, la guerra o la violencia de cualquier género?
¿En qué medida se debería educar a los niños para crear una sociedad más justa y tolerante? Tantos rostros, tantas preguntas…

© Joaquín Cortés

La pieza ha sido creada ex profeso para este espacio de la capital bajo el mecenazgo de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson. La elección de Plensa pretende «servir de impulso para promover el desarrollo de proyectos futuros», según la fundación.

‘Julia’ estará esperándonos hasta el 20 de diciembre de 2019. Es una pieza única que no deja indiferente a sus espectadores y que, como dice su autor, cambiará temporalmente la percepción del paisaje urbano de la Plaza, ya que ahora tiene la chispa de ternura que le faltaba.

Las tradiciones y lo cotidiano en la obra de Silvia Cosío

Hace un par de años me crucé por primera vez con la obra de Silvia Cosío. Concretamente con su pieza ‘Melancolía’, una pintura que habla de la tragedia humana desde un punto de vista complejo de la relación del hombre (y su ego) con los útiles y herramientas. Una obra que podría resumir formalmente la obra de Cosío, ya que en ella podemos hallar los puntos claves de su trabajo.

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Alquimia contra el deseo

“Dios está en los detalles” dicen que dijo Flaubert, Mies Van der Rohe y Aby Warburg. Palabras que recupera Silvia Cosío y traslada a sus cuadros, pero no de la misma forma que sus referentes. En sus obras, como en las pinturas barrocas o del siglo XIX, también aparecen calaveras, plumas, libros, serpientes, animales, etc., la diferencia está en el simbolismo que a estos objetos se les da. Para Cosío, todos estos elementos son un vínculo con la tradición y no elementos que esconden una simbología específica. Como ella misma dice: “Incorporar una serpiente a una composición significa un reto de reactivación de un valor simbólico y, por lo tanto, cultural”. De esta forma, la artista va introduciendo estos elementos con un juego de equilibrios que no obstaculice la atención del espectador.

Figura tras figura el cuadro va contando una historia que muchas veces se debate entre la incertidumbre de lo que ha pasado y lo que está por venir. Desde un punto de vista personal, algunas de las obras de Cosío reflejan ese momento álgido de la acción que podría beber directamente del barroco, en el que puedes imaginar todo lo que ha pasado y lo que va a pasar. Si bien para la artista sus piezas se mueven entre las incertidumbres y las sugerencias proponiendo únicamente un nudo de complejidad, cada espectador puede interpretarlo de una manera subjetiva, pues las obras de Cosío tienen la virtud de dejar la puerta abierta a todo el que se atreva a observar.

Esta puerta abierta se presenta con unos encuadres que nos pueden ser familiares, pues Cosío parte de la fotografía y el cine para establecer lo que entra dentro de la composición y lo que se queda fuera. Lo que nos lleva a hablar de su forma de trabajar. Ya que otro de los puntos que identifican las obras de la artista son su movimiento y su vitalidad. Como ella misma dice: “El trazo y el gesto —el movimiento de la mano y el pincel—, la elección del color, la intuición acerca de qué añadir y qué eliminar o, entre otros muchos, el factor azaroso de dejar fluir la pintura —lo incontrolable del hecho en sí de ponerse a pintar—, suponen para mí el verdadero significado de aquello que hace que la pintura, en mi caso el óleo sobre un soporte de tela preparada, tenga la expresividad o el pálpito que le da vida a la obra”.

La perfecta combinación de ritmo y gesto son los elementos que finalmente hacen que una obra sea válida o no para la artista. Una combinación que viene directamente influenciada por Manet, artista que como la propio Cosío dice, “me gusta no sólo por sus escenas campestres, por las que siento verdadera debilidad, sino también por su tratamiento de la pincelada, el color y cómo resuelve la cuestión de la carne”.

Silvia plantea en sus obras diferentes historias que nacen de relatos que ha leído o visto. Suelen ser historias de la vida real, que nos podemos encontrar en cualquier esquina. Si bien Cosío no busca unos mismos planteamientos conceptuales en sus obras, sus cuadros sí terminan reflejando los mismos temas: la educación, la iluminación, las referencias al mundo natural y algo así como un tratamiento ‘doméstico’ o cercano de los considerados grandes temas: la melancolía, la piedad, el destino, son una constante en sus trabajos.

Igual que Silvia Cosío sigue a Manet, como decía Aby Warburg: “Manet camina delante de mí con la antorcha, yo le sigo”, os recomiendo seguirla a ella e ir descubriendo todos sus trabajos, como “Melancolía”, que además resultó finalista del Premio BMW de Pintura.

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Melancolía

Actualmente expone su proyecto ‘San Julián’ en la Galería Carmen Aranguren Fine Art de Sevilla. Dieciséis óleos inspirados en la lectura e interpretación del cuento de Gustave Flaubert titulado La leyenda de san Julián el Hospitalario. Con motivo de la exposición, la editorial Athenaica y la galería Carmen Aranguren han coeditado un libro-catálogo, que incluye un texto introductorio de Francisco Ferrer Lerín y un ensayo de Marcel Schwob .

Además a finales de este mes publicará con Athenaica, un libro de artista que empezó en Berlín y con el que continuó trabajando en una beca de investigación del MACBA. Titulado El esqueleto y el fantasma trata de abordar cuestiones referidas a la identidad, la figura del artista y algunas cuestiones de carácter más personal.

WHALE, UNA INSTALACIÓN ARTÍSTICA EN EL MANZANARES DE MADRID

‘Whale’, una escultura hiperrealista de un cachalote en el Manzanares, que invita a la reflexión sobre el modelo de ciudad en el que queremos vivir y qué papel juegamos en el cuidado del medio ambiente

Esta mañana amanecía en el Manzanares de Madrid una ballena varada. Especialistas cuidaban de la criatura y estudiaban su estado mientras la gente que pasaba por allí se paraba sorprendida a valorar si lo que sus ojos veían era real y cómo se había podido producir. Pero la criatura no era real y no había llegado ahí de casualidad.

Whale es un proyecto artístico internacional realizado por el colectivo belga Captain Boomer que pone la mirada en el cuidado del medio ambiente activando un caso real de emergencias ante una ballena varada. Una performances en la que la protagonista es una escultura hiperrealista de un cetáceo de más de 15 metros y 1.000 kilos de peso que replica, a escala real, un cachalote macho de 18 años.

Londres, Amberes o París han sido las primeras ciudades en las que el colectivo ha llevado a cabo su instalación, que en el caso madrileño estará hasta el domingo a las 18h en el estanque del Puente de Segovia y se ha presentado como la primera de las actividades que tendrá la programación de otoño de CiudaDistrito.

La instalación cuenta con la presencia de actores-científicos que interactúan con el cetáceo e invitan al público a participar como un agente más de la representación. Pues la intención de Whale es jugar con los límites entre la realidad y la ficción. Además es una metáfora de la disrupción de nuestro ecosistema, por ello simula un caso real de emergencias ante una ballena varada e involucra al espectador en esta ficción, como un agente más del proceso. Una acción propone a los ciudadanos reflexionar, a través del arte, sobre el modelo de ciudad en que quieren vivir y qué papel juegan en el cuidado del medio ambiente.

 

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La instalación se desarrollará durante todo el fin de semana al aire libre y podrá ser visitada por todos aquellos vecinos y vecinas que, de viernes a domingo, se quieran acercar a participar del fenómeno. La activación de la instalación con la presencia de los actores-científicos, será el viernes en horario ininterrumpido hasta las 18 horas, el sábado de 11 a 13 y de 14.30 a 19 horas y el domingo de 11 a 13 horas y de 13.30 a 18 horas.

Captain Boomer Collective y Zephyr Wildlife

El colectivo Captain Boomer fue fundado en 2008 y tiene su sede en Antwerp, Bélgica. El colectivo está conformado por artistas y científicos que han realizado grandes intervenciones en diferentes ciudades europeas, generando una dinámica social con un vivo sentimiento de realidad. Las acciones de Captain Boomer están llenas de significado y desafían al espectador a tomar una posición ante ellas.

Zephyr Wildlife es un estudio con sede en Tongerren, Bélgica, especializado en esculturas de animales hiperrealistas y realiza trabajos para museos, festivales y galerías de todo el mundo. La escultura del cachalote fue esculpida por el artista Dirk Claesen y su mujer Hedwig Snoeckx para la edición de 2013 del Festival Internacional de Greenwich and Docklands, en Londres. Claesen falleció en 2014, por lo que la escultura del cachalote fue la última gran pieza hiperrealista que realizó.

Cecil Beaton: “La belleza es la palabra más importante del diccionario”

“La belleza es la palabra más importantes del diccionario. Es sinónimo de perfección, esfuerzo, verdad y bondad” decía normalmente Cecil Beaton, uno de los grandes fotógrafos del siglo XX, reconocido por sus retratos y sus fotografías de guerra, además de por sus escenografías.

Cecil Walter Hardy Beaton (14 enero 1904, Londres – 18 enero 1980, Salisbury) o como era conocido, Cecil Beaton fue un gran retratista del siglo XX, por cuyo objetivo pasaron grandes nombres del mundo del cine, la moda, la literatura, miembros de la aristocracia, grandes iconos de la cultura o la política, llegando a convertirse, con solo 30 años, en el retratista preferido del mundo de la moda, del arte y fotógrafo oficial de la familia Windsor.

Inició estudios de Historia, Arte y Arquitectura en Cambridge, aunque nunca llegó a finalizarlos, lo que tampoco supuso un bache en su carrera. Su niñera ya le había iniciado en la fotografía unos años antes, y su madre y hermanas ya habían posado para él. No es de extrañar, que su primera fotografía publicada viera la luz durante su periodo en la universidad. Se trataba de un retrato de la Duquesa de Malfi que se publicó en la revista Vogue.

Ya en la universidad demostró una gran admiración por la clase alta y un marcado deseo de pertenecer a ella, que le persiguió casi toda su vida. Fue su primera exposición en la Coolling Gallery de Londres patrocinada por Osbert Sitwell en 1926 la que le dio la fama. Una muestra que no solo supuso un punto de inflexión en la incipiente carrera del artista, sino que lo fue para la disciplina artística en general, revalorizando el estatus de la fotografía en la sociedad.

Si bien esta exposición marcó un hito en el mundo fotográfico, también lo hizo la muestra que la National Portrait Gallery le dedicaba al artista en 1968, ya que fue la primera retrospectiva a la obra de un autor vivo.

Beaton fue un amante de la excentricidad y un verdadero ejemplo de dandi. En sus fotografías demuestra una gran capacidad de mostrar mundos sofisticados, sensuales, elegantes y de una gran belleza. En cada una de sus obras se aprecia su visión estilizada y exquisita del mundo. Sus retratos se caracterizan también por el protagonismo de su escenografía, especialmente en los primero años de su carrera. Cecil Beaton tenía un don para profundizar en sus retratados y mostrar la fragilidad de sus personajes. Como decía Truman Capote: “Su inteligencia visual es la de un genio… Escuchar como descrbie Beaton, en términos estrictamente visuales, a una persona, un lugar o un paisaje, es asistir a una representación divertida, brutal o bellísima, pero siempre y sin ningún género de dudas, brillante. Es justamente esto, la inteligencia extraordinaria y comprensión visual de sus fotografías, lo que hace que la obra de Beaton sea única”.

Como fotógrafo trabajó para revistas como Vogue, Harper’s Bazaar o Vanity Fair. No obstante su logro más destacado viene de su faceta de escenógrafo, con la que realizó numerosos trabajos y que le dio cuatro Premios Tony por sus montajes teatrales en Broadway y tres estatuillas Oscar por su trabajo en My fair Lady (1956).

Sus obras se desarrollan a lo largo de seis décadas en las que su estilo va evolucionando y adaptándose a cada época. De esta forma en los años 20 encontramos retratos con un fuerte protagonismo de los decorados, resultado de sus trabajos como escenógrafo y que eran realizados por él mismo. En la siguiente década sus trabajos introducen la influencia del surrealismo y en los años 40 la dura realidad de la guerra se cuela en su cámara. Solo en este periodo tomó más de 10.000 fotografías. Tras la guerra sus fotografías se tornan austeras y sobrias, perdiendo protagonismo de las escenografías, retratando actitudes cotidianas y reflejando una mirada del fotógrafo que ha visto los desastres de la guerra en primera persona, además deja la fotografía de moda para iniciarse en la andadura del fotógrafo independiente. A finales de los 60 la influencia de fotógrafos como Richard Avedon o Irving Penn se cuela entre sus imágenes.

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A pesar de su cambio de estilo, como decía Stephen Tennant, “el arte de Cecil Beaton es siempre la mañana de un día de cumpleaños, la víspera del gran baile, la subida del telón”. Beaton se convirtió rápidamente en uno de los fotógrafos más influyentes de su época y su fama no hace más que crecer con los años. Fue un fotógrafo excelente con una capacidad extraordinaria para captar la esencia de sus retratados, enamorado de la belleza y comprometido con el reflejo de la verdad.Y así es su legado fotográfico: Bello y veraz.

La fotografía y la moda dialogan en el Museo del Traje

Una sala diáfana, círculos blancos de moqueta impecable delimitando los paneles expositivos, maniquíes vestidos de gala delimitando el espacio, trajes colgando del techo invitando al diálogo… así es la muestra que este año presenta el Museo del Traje en el marco de PHotoESPAÑA 2018. Una exposición que rinde homenaje a la moda española a través de la fotografía internacional.

En la línea de las muestras colaborativas del Museo del Traje se encuentra, MODA. El diseño español a través de la fotografía. Las prendas de los diseñadores españoles, pertenecientes a los fondos de la colección del museo, se presentan aquí en un constante diálogo con la fotografía, con los fotógrafos, con el tiempo y con el resto de prendas.

La exposición recoge alrededor de ochenta fotografías y una veintena de diseños exclusivos. Autores nacionales e internacionales, autores de imágenes de las cabeceras más importantes: Telva, Elle, Vogue, Harper’s Bazar, etc., han retratado durante años los diseños de grandes creadores españoles. Y es que desde la fusión de arte y moda que propusiera el pionero Fortuny y Madrazo, los diseñadores de moda españoles han destacado en el panorama internacional. Avedon y Penn, por ejemplo, se sintieron atraídos por las formas y volúmenes de los vestidos de Balenciaga, mientras que Henry Clarke encontró en los diseño de Berhanyer y Pertegaz los mejores aliados para sus fotografías.

Por su parte, los fotógrafos españoles también se interesaron por llevar la moda a su lenguaje visual a partir de los años sesenta. Las fotografías de Gatti capturan a la perfección la poesía y el simbolismo de la ropa de Sybilla, mientras que la luz de Vallhonrat es el mejor complemento para las creaciones de Jesús del Pozo.

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La enorme influencia que tuvieron las revistas de moda internacionales en la escena editorial española en los años noventa hizo que aparecieran multitud de nuevos fotógrafos y diseñadores. Figuras como Oliviero Toscani, Arthur Elgort y Mario Testino contribuyeron a las ediciones en español de las revistas e inmortalizaron la evolución de la moda española. Al mismo tiempo emergieron talentos locales como Adolfo Domínguez, Agatha Ruiz de la Prada o Amaya Arzuaga.

Si bien, todo este recorrido histórico no se presenta en la muestra, si se habla de esa influencia que la moda española tuvo en la fotografía internacional. Pues MODA no es una muestra de obras, sino que es una conversación entre fotografía y moda.

se articula en cuatro ejes temáticos que unen periodos, escuelas y tratamientos muy distintos. No obstante, la configuración de la exposición en una estructura diáfana nos habla de la relación entre todas las fotografías y diseños textiles que ahí se presentan.

Un diálogo entre fotografía y moda que durante años se ha ido nutriendo en las revistas y desfiles, y que hoy se recoge en el Museo del Traje, con una selección del amplio panorama de producciones que han desarrollado algunos de los fotógrafos más influtentes del siglo XX y XXI, y sus coetáneos diseñadores españoles.